La prueba de referencia para objetivar los Movimientos Periódicos de Piernas (MPP), cuantificar su impacto en la arquitectura del sueño y descartar otras patologías que pueden confundirse con el SPI.
El paciente duerme una noche en una unidad especializada monitorizado por múltiples sensores que registran simultáneamente la actividad cerebral, muscular, respiratoria y cardiaca.
Determinan las fases del sueño (N1, N2, N3, REM) y detectan los microdespertares tras cada movimiento.
Sensores en los músculos tibiales de ambas piernas (y a veces brazos) para registrar y cuantificar los MPP.
Detectan los movimientos oculares rápidos que identifican el sueño REM y los cambios de fase.
Flujo nasal y bandas torácicas para detectar apneas e hipopneas que puedan estar causando despertares.
Monitoriza la saturación de oxígeno para detectar desaturaciones asociadas a apneas o movimientos.
Permite observar las elevaciones transitorias de la frecuencia cardíaca que siguen a cada MPP.
| Criterio diagnóstico | Valor de referencia | Significado clínico |
|---|---|---|
| Tipo de movimiento | Flexión dorsal del pie y los dedos | Patrón estereotipado, involuntario; el paciente no es consciente de la mayoría de ellos. |
| Duración de cada MPP | 0,5 – 5 segundos | Movimientos más cortos o más largos no cumplen el criterio técnico de MPP. |
| Periodicidad (salvas) | ≥ 4 movimientos / salva | Separación entre movimientos de 5 a 90 segundos; la periodicidad es la clave del patrón. |
| Fases del sueño | N1 y N2 · Primera mitad | Son más frecuentes en el sueño superficial y en la primera mitad de la noche. |
| Índice patológico adultos | > 15 MPP/hora | Por encima de este umbral se considera clínicamente significativo y requiere atención. |
| Índice patológico niños | > 5 MPP/hora | Los niños tienen un umbral más bajo por la mayor sensibilidad de su sistema nervioso. |
La polisomnografía no es necesaria para diagnosticar SPI (que es un diagnóstico clínico), pero sí para cuantificar los MPP asociados, evaluar la fragmentación del sueño y descartar apnea obstructiva. Se indica cuando el cuadro clínico es atípico o el tratamiento no responde como se espera.
El dato más revelador de la PSG no es el número de movimientos en sí, sino cómo cada uno de ellos interrumpe la continuidad del sueño a través de los alertamientos o arousals.
El paciente no recuerda haberse despertado porque los arousals son microdespertares de 3–15 segundos. Sin embargo, el EEG los registra con precisión.
La sucesión de arousals impide alcanzar o mantener la fase N3 (sueño de ondas lentas) y el sueño REM, donde ocurren los procesos de reparación y consolidación de la memoria.
El paciente refiere sentirse como si «no hubiera dormido nada», a pesar de haber permanecido en cama 7–8 horas. La PSG explica objetivamente este fenómeno.
La PSG ha permitido descubrir uno de los hallazgos más importantes del SPI: los MPP no son solo un problema de sueño, son una amenaza para la salud del corazón y los vasos sanguíneos.
Cada MPP induce una elevación transitoria de la tensión arterial y de la frecuencia cardiaca mediada por el sistema nervioso simpático. Cientos de activaciones simpáticas por noche, durante meses o años, tienen el mismo efecto sobre el sistema vascular que la hipertensión crónica no controlada.
Esta activación constante y nocturna del sistema nervioso simpático explica por qué los pacientes con SPI grave tienen mayor riesgo de sufrir hipertensión arterial, infarto de miocardio e ictus.
El diagnóstico del SPI es habitualmente clínico y no requiere PSG de rutina. Sin embargo, hay situaciones específicas en las que la prueba se convierte en imprescindible.
Cuando la presentación clínica no encaja perfectamente con los 5 criterios IRLSSG o se sospecha de imitadores del SPI (neuropatía periférica, calambres, acatisia).
Es vital distinguir si los movimientos nocturnos son MPP primarios del SPI o si son respuestas motoras a la falta de oxígeno provocada por la apnea. El tratamiento es radicalmente diferente en cada caso.
Cuando el paciente no responde a los tratamientos habituales, la PSG puede revelar comorbilidades no detectadas (apnea, epilepsia nocturna, trastorno de conducta del sueño REM) que expliquen la resistencia al tratamiento.
Los niños pequeños no saben verbalizar sus síntomas. La PSG y la detección de un índice de MPP elevado ayudan a confirmar el diagnóstico cuando la anamnesis pediátrica es difícil de obtener.
Si el paciente presenta MPP que causan fatiga diurna sin tener la urgencia de mover las piernas característica del SPI, la PSG confirma el diagnóstico de esta entidad independiente (PLMD) que requiere un enfoque terapéutico propio.
Los movimientos periódicos de piernas (MPP) durante el sueño se detectan en el 80-90% de los casos de SPI en la polisomnografía. Su presencia —más de 15 MPP/hora en adultos— asocia un 2-2,5 veces mayor riesgo cardiovascular y puede justificar el tratamiento incluso en SPI leve.