El SPI es un trastorno neurológico crónico de tipo sensitivo-motor y del sueño. Su diagnóstico es fundamentalmente clínico: no existe una prueba biológica única que lo confirme, y se basa en la historia relatada por el paciente.
Para el diagnóstico definitivo deben cumplirse los cinco criterios simultáneamente. La ausencia de cualquiera de ellos obliga a replantear el diagnóstico.
Síntoma cardinal: necesidad imperiosa e irrefrenable de movimiento, impulsada por sensaciones desagradables en las extremidades inferiores.
Ver desarrollo completo →Malestar profundo "en las venas, huesos o tendones": hormigueo, quemazón, burbujeo, tirones o pinchazos que impulsan la urgencia.
Ver desarrollo completo →Los síntomas se desencadenan o intensifican durante la inactividad: sentado, tumbado, en el cine, en viajes largos o al intentar dormir.
Patrón temporal marcado: las molestias empeoran al final del día y durante la noche, desapareciendo habitualmente por la mañana.
Los síntomas no deben explicarse exclusivamente por otras enfermedades: calambres, insuficiencia venosa, edemas, neuropatía periférica o acatisia.
Los pacientes tienen dificultades para verbalizar sus síntomas. Las sensaciones son profundas, no cutáneas, y recurren a metáforas para explicarlas.
Sacudidas rítmicas e involuntarias con flexión del pie y los dedos, duración de 0,5–5 s y periodicidad de 20–40 s. El paciente generalmente no los percibe.
Cada PLMS puede generar un microdespertar de 3–15 segundos que fragmenta el sueño sin que el paciente sea consciente de haberse despertado.
Dificultad para iniciar y mantener el sueño. El paciente se levanta agotado pese a haber estado horas en la cama, sin lograr sueño reparador profundo.
Verde: zona típica principal
Afectación simétrica de ambas "cañas". La bilateralidad es característica, aunque puede ser asimétrica en fases iniciales.
En formas moderadas-graves o por extensión espontánea. Documentado el "abdomen inquieto" y casos de afectación facial.
En formas graves o como complicación del tratamiento con agonistas dopaminérgicos. Las sensaciones se extienden progresivamente a zonas no afectadas previamente.
Se han documentado síntomas en muñones de miembros amputados, confirmando que el origen es central (médula espinal / núcleo A11), no periférico.
Síntomas presentes ≥ 2 días por semana durante al menos 3 meses. La forma más habitual en adultos. Evolución oscilante con períodos de mayor y menor intensidad.
Episodios separados por períodos libres de síntomas de al menos 1 mes. Frecuente en formas asociadas al embarazo o déficits de hierro puntuales.
Describen "cosquillas" o necesidad de dar patadas. Frecuentemente confundido con TDAH o "dolores de crecimiento". Prevalencia: 1–4 %.
Afecta a 1 de cada 5 gestantes, principalmente en el 3.er trimestre. La caída de depósitos de hierro y folato es el mecanismo principal.
Mayor prevalencia y formas más graves. Más comorbilidades asociadas (insuficiencia renal, polineuropatía) y mayor riesgo de augmentation.
Mayor incidencia de hipertensión, infarto de miocardio e ictus, relacionados con el estrés nocturno de los movimientos periódicos y la fragmentación crónica del sueño.
Ansiedad y depresión hasta en el 30% de los casos. El insomnio crónico y el dolor nocturno actúan como factores precipitantes y mantenedores del estado de ánimo bajo.
La fatiga crónica, la dificultad de concentración y la irritabilidad generan absentismo laboral, menor rendimiento y deterioro de las relaciones personales.
A pesar de su prevalencia (5–10 % en adultos), el SPI sigue siendo significativamente infradiagnosticado: los pacientes tardan una media de 5–10 años en recibir el diagnóstico correcto.
El SPI es la cuarta causa de insomnio a nivel mundial, pero también una de las más infradiagnosticadas. El 80–90 % de los pacientes presenta además Movimientos Periódicos de Piernas (MPP) durante el sueño que fragmentan el descanso sin que el paciente sea consciente de ello.
El SPI se diagnostica exclusivamente por la historia clínica. Los cinco criterios IRLSSG (urgencia, reposo, alivio con movimiento, patrón circadiano y exclusión de imitadores) son suficientes —y necesarios— para establecer el diagnóstico definitivo.